¿Podemos ser todos líderes?
En numerosas ocasiones hemos escuchado y leído, en los medios de comunicación o en las distintas tertulias que llenan los espacios radiofónicos, que si cierto político es un líder y que si el otro no tiene liderazgo.
Potencialmente tenemos capacidad potencial de ser líderes. Incluso las personas más reacias a mandar alguna vez se ven obligadas a hacerse cargo de una situación concreta. A menudo la modestia, la falta de seguridad en uno mismo o la inexperiencia son las causas que nos impiden asumir la posición de líder.
El líder nace y se hace. La capacidad de liderazgo puede adquirirse mediante la práctica y el esfuerzo. Entre otros aspectos sustanciales de un liderazgo eficaz resaltaremos:
Desarrollar el conocimiento de uno mismo
Esto nos ayudará a saber, qué conocimientos específicos tenemos o debemos profundizar, qué experiencia puede ser fuente de nuestra inspiración, cuál es nuestro nivel de estabilidad emocional y afectiva, en qué destacamos etc.
Poseer empatia
Saber qué motiva a nuestros colaboradores, clientes…, cuales son sus valores importantes, qué recompensas les puede estimular, saber qué les puede motivar, etc.
Menos autoritarismos y más firmeza
El poder nos proporciona autoritarismo y este lo trasladamos a la organización, en cambio la firmeza es la capacidad de conseguir que los demás nos sigan por voluntad propia siguiendo la cultura y política de la empresa. El poder se viste a menudo de rigidez y centralismo y la firmeza es flexible y dialogante.
Habilidades comunicativas
Saber comunicar entra en las dentro de las competencias de las habilidades sociales. No se nace sabiendo comunicar con eficacia y de forma satisfactoria. Es necesario desarrollar autocontrol, porque nuestros impulsos no siempre son positivos. Mejorar nuestra comunicación supone tener capacidad de aprendizaje para rectificar los errores.














